Introducción

La pobreza rural y el acelerado deterioro de los recursos naturales son dos de los mayores desafíos que enfrentan nuestro país y la región. Organismos gubernamentales internacionales, organizaciones sociales e individuos que viven en el exterior no alcanzan a comprender muy bien cuáles son las razones por las cuales un país con ingresos tan importantes que provienen directa o indirectamente del campo y con un enorme potencial en recursos humanos y naturales, se encuentra en una situación social y ambientalmente tan crítica.


Un informe del Banco Mundial –con fecha 2005- señala que entre los pobladores rurales argentinos hay 1.200.000 con necesidades básicas insatisfechas y que en vastas regiones sólo el 30 % tiene acceso al agua potable comparado con el 85 % de población urbana que accede a ella. Como dato comparativo, en Nigeria la población que accede al agua potable en el ámbito rural es casi un 10 % mayor. Otros informes e investigaciones muestran con contundencia y claridad que existen graves problemas de desnutrición con numerosas muertes de niños y adultos, fuertes procesos de erosión en los suelos, pérdida de ambientes naturales de gran valor ecológico, alrededor de 400.000 chicos que trabajan en el campo en vez de ir a la escuela y más de 1 millón de trabajadores rurales con empleos informales, sin cobertura médica, seguro o jubilación, etc.

Los problemas son variados y complejos, pero no imposibles de solucionar. Comienza a haber prácticas, iniciativas y experiencias que demuestran que es factible reducir estos índices. Los resultados pueden verse y han mejorado sustancialmente las condiciones de vida de muchos pobladores rurales lográndose a la vez una utilización mucho más racional y sostenible de los recursos naturales. En nuestro país y en el mundo es sabido que existen recursos en los diferentes sectores de la sociedad que de ser mejor invertidos tendrían un impacto mucho más positivo y rápido para revertir la pobreza rural y el deterioro ambiental.

Algunos datos que grafican la situación en que se encuentran las comunidades a las que nos referimos:

• 1.200.000 argentinos son indigentes en el ámbito rural. Esto representa 200.000 hogares en los cuáles no alcanza el alimento, la vivienda es totalmente inadecuada para vivir y hay un acceso sumamente restringido a la educación y salud.

• se estima que 1.500.000 pobladores rurales trabajan en forma informal en el campo.

• más de un 50 % de los pobladores que trabajan en forma informal en el campo cobran salarios un 30 % más bajos que el salario mínimo.

• sólo un 17,5 % de los pobladores rurales de áreas dispersas que trabaja, lo hace en el sector formal; el empleo rural cayó un 34 % desde 1991 al 2001

• sólo el 30 % de los pobladores rurales tienen acceso a agua potable contra el 85 % de los pobladores urbanos. Estos índices son peores que los de pobladores rurales de varios países africanos (Kenya 31 %, Nigeria 39 % y Uganda 46 %).

• el nivel de educación en el ámbito rural es mucho más bajo que en las ciudades; a peor educación mayor es la gravedad de la pobreza.

• la erosión y degradación de suelos por la producción de soja facilita que las inundaciones sean más frecuentes, extensas en superficie y graves. En el Chaco se deforestaron más de 2.400.000 hectáreas para producir soja.

• se calcula que anualmente se pierden más de 10.000 hectáreas de bosques debido a su reemplazo por plantaciones de soja.

• estimaciones realizadas por Oxfordanalytics citadas en informes del Banco Mundial, hablan de que una producción de soja mecanizada genera 1 empleo cada 200 hectáreas, mientras una producción pequeña de otros tipos de cereales, hortalizas o frutas genera 1 empleo cada 8 hectáreas. Esto induce un proceso de emigración rural y desestabilización social en los hogares rurales generando como consecuencia falta de alimentos y sobrepoblación urbana.

• la posibilidad de mejorar la situación de los pobladores rurales dispersos puede ser muy alta y bastante rápida. El desarrollo de programas de capacitación que permitan instalar capacidades y el trabajo en red, son dos mecanismos para ello.

• si bien desde 1991 al 2002 la tasa de mortalidad infantil bajó del 24,7 al 16,7 % en Argentina, en varias provincias donde el % de población rural es alto como Chaco y Formosa, el proceso fue a la inversa y creció luego de cada crisis económica. Incluso hubo numerosos casos de muertes infantiles por hambre. Esto se debe a una mala inversión gubernamental en el área educativa y la falta de acceso al agua potable, sanitarios, una correcta alimentación, y buenos sistemas de salud.